mar 042011
 

Rene Descartes - Estatua en La Haya (Francia)

El constructo que Descartes (31 de marzo de 1596 – 11 de febrero de 1650) realiza se sitúa como antecesor a la Revolución Francesa en 1789, un período histórico convulso, con amplias pujas de poderes en diversos sentidos donde la burguesía ascendente se comenzaba a disputar los lugares políticos con la nobleza y aristocracia, situadas con el privilegio de la participación en las decisiones políticas. Es en este contexto: burguesía y nobleza, ciencia, filosofía y religión, donde se puede comprender realmente qué cambio revolucionario gesta la filosofía racionalista de Descartes.

Cuando Descartes se propone como proyecto encontrar un método válido para llegar a la verdad lo hace con la voluntad de poder llegar a operar en la vida con felicidad y buen sentido, encontrando mediante este método la justicia y la virtud tantas veces ansiada en el terreno de la filosofía y el pensamiento. Su criterio parece en principio sencillo, él intenta despojarse de toda creencia infundada y que no sea verdadera y partiendo del principio básico de la racionalidad humana, es decir que todos los hombres poseen racionalidad en la misma medida, considera que en realidad el fundamental origen de error en el pensamiento es la diversidad de métodos utilizados para llegar a la verdad. Por esto mismo y para poder liberarse de todo tipo de prejuicio Descartes procede de manera tal que su juicio no pueda caer en los fallos habituales, proponiéndose dudar de manera hiperbólica (hasta de lo más evidente), y de manera metódica, para poder encontrar un verdadero puntal sobre el cual sostener su filosofía.

El procedimiento que lleva a cabo este pensador se precia por la búsqueda de una verdad primera que no sea fruto de los juicios apresurados y que pueda valer para sustentar una ciencia verdadera, una episteme en el sentido de conocimiento cierto y real. Es en este punto donde configura un carácter general acerca de su abordaje del pensamiento: La duda. La duda cartesiana no es en principio la duda relativista o un subjetivismo al estilo de los sofistas como Protágoras o Gorgias, sino que la duda de Descartes tiene una orientación constructiva. La duda se dirige a fundamentar los cimientos del saber y el conocimiento verdadero.

René Descartes - Retrato por Frans Hals

Es por este motivo que el filósofo francés se propone primero un recorrido acerca de las diferentes fuentes de conocimiento, desconfiando y descartando como valedera cada una de aquellas de las cuales le sea posible poner en duda su validez. Este procedimiento le lleva primero al mundo de la experiencia, el mundo mediato que se puede conocer mediante los sentidos, al que pone en tela de juicio debido a que muchas veces produce el error, sabiéndose la existencia de ilusiones sensoriales tales como la visión de una cuchara en un vaso con água, ésta se muestra quebrada mientras que en realidad esto es falso. El segundo escalafón del conocimiento con el que se encuentra es el cuerpo y la sensorialidad inmediata, pero también reconoce que ante la existencia de la locura o la imposibilidad de reconocer con certeza entre la diferencia que existe en la vida en vigilia y en sueño, es imposible llegar a encontrar verdad en esta fuente de saber. Más tarde, Descartes se encuentra con un tipo de ideas que implican cierto grado de evidencia, las ideas matemáticas como la igualdad entre 2 + 2 = 4 o la exigencia de que todo triángulo tenga tres lados y tres ángulos, ya que tanto dormido como despierto estas cuestiones permanecerían inamovibles. Es en este punto donde se plantea una hipótesis, que le exige el carácter hiperbólico de su duda metódica, aún en este tipo de conocimientos es posible que existiera un Genio Maligno (al modo en que también podía existir un Dios todo bondadoso) que haga que nos equivoquemos siempre al operar de manera racional y al construir las figuras geométricas.

Y aquí, cuando Descartes parece encontrarse solo, este punto llamado solipsismo, encuentra una evidencia, un primer eje sobre el cual situar todo el conocimiento, algo de lo que realmente es imposible dudar: de que duda. Decartes, al dudar de que duda, está dudando y por tanto la primera evidencia es la duda. Yo dudo. Esta característica, el filósofo francés la engloba dentro de aquellas pertenecientes al acto del pensar y por tanto de aquí se sucede la emblemática frase cartesiana que se enarbola como símbolo del racionalismo: cogito ergo sum (pienso luego existo). Esta construcción, sin embargo, es confusa puesto que para Descartes no hay pasos lógicos a desarrollar en esta evidencia, se presenta de manera inmediata como clara y distinta, el rasgo diferenciador de toda evidencia. Por lo tanto este cogito (se pronuncia cóguito) es un pienso-existo, sin mediaciones, esta sustancia pensante (res cogitans). Es en el pensar donde existe este sujeto cartesiano. Pero aquí, Descartes se queda solo.

No obstante, encuentra de cierto modo una salida posible a esta soledad donde el mundo externo y el de los sentidos internos queda totalmente inhabilitado como proveedor de conocimiento cierto, y esta forma proviene de las ideas que posee el pensamiento. Descartes procede de la siguiente manera: siendo que existen algunas ideas en nuestro pensamiento, podemos ver que hay algunas que son concebibles como existentes en el mundo y de las cuales podemos dar cuenta mediante nuestros sentidos como un toro o un hombre, estas ideas son adventicias y provienen de objetos que tienen realidad en el exterior; también es posible concebir a partir de estas ideas la idea de un Minotauro (figura mitológica mitad toro mitad humano) que sin necesidad de tener realidad exterior existe a partir de la combinación de ideas, éstas son las ideas facticias, y otro tipo de ideas de una naturaleza especial y sin ningún tipo de oportunidad de experiencia posible ni descomposición en otras ideas más sencillas como pueden ser la perfección y la infinitud, ideas innatas, y que para Descartes son la prueba que permite conocer la existencia de una sustancia infinita, Dios. Este Dios (res infinita) de la razón, el Dios todo benévolo y todo racional que posee estos atributos de perfección e infinitud, que nada más posee en el universo es aquel que puso estas ideas en nosotros y así mismo, es el garante de la posibilidad de conocer a partir de nuestra experiencia sensorial y por tanto es así como se llega nuevamente a habilitar al mundo exterior (res extensa) o sustancia extensa, el cual posee los atributos de corporeidad, extensión y movimiento mecánico.

Diagrama óptico de la percepción visual

Hay que entender el Dios cartesiano como el Dios que garantiza la posibilidad de hacer ciencia y tener un conocimiento certero acerca de las experiencias que la misma realiza y nunca com0 un intento desesperado de Descartes ante el terror que le causa la iglesia, como muchas veces se dice o se pretende. La filosofía cartesiana precisa este Dios que habilite la salida del solipsismo y le de la posibilidad de conocer mediante los procedimientos científicos en lo que respecta al saber sobre el mundo externo. Nace, pues, el Dios de la razón, la razón ilustrada.

Desglosemos, pues, el método que confecciona Descartes. Éste consiste en cuatro elementos básicos que se plantea seguir para abordar la comprensión filosófica:

- La identificación de una evidencia: En este punto, Descartes plantea llegar a reconocer de manera intuitiva una evidencia, es decir aquello de lo cual es imposible dudar, una cuestión que en su desarrollo se vislumbra en el pensamiento o cogito.

- El análisis: Procediendo para poder comprender esta evidencia dividiéndola en las partes más simples y analizando su naturaleza.

- La síntesis: Una vez realizado el paso anterior, volver a recomponer esta sustancia de lo más simple a lo más complejo, esta vez comprehendiendo la interrelación que se esboza entre sus partes.

- La enumeración: Que se debe llevar a cabo en cada uno de los pasos, controlando no olvidar ni omitir ningún elemento que se sujete al análisis propuesto.

Vea más sobre el pensamiento de Descartes: La moral provisional.

 

Fuentes:

Descartes, R. (1980) Meditaciones metafísicas (1ª ed.). Buenos Aires: Charcas.

Descartes, R. (1980) Discurso del método (1ª ed.). Buenos Aires: Losada.

2 Comentarios a “Resumen: Descartes”

  1. [...] realizar su análisis de los fundamentos del pensamiento, el pensador racionalista, René Descartes se vio conducido a poner en duda todo lo que formaba parte de su conocimiento para poder dejar de [...]

  2. [...] no es el dueño de su propia casa. La consciencia del hombre tan promovida por la ilustración y el racionalismo se encuentra condicionada por otras instancias psíquicas de las cuales no tiene consciencia: el [...]

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