mar 082011
 

Aristóteles - Copia romana de la estatua original de Lisipo

Existen diferentes formas de leer la aportación de Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.) a la filosofia. Entre otras muy interesantes tomaremos una que permite pensar al desarrollo de la teoría hylemórfica de Aristóteles tanto en el momento de estabilidad abstracta como puesta en devenir, dispuesta en cambio, a partir de la lectura histórica que se puede realizar vinculando su pensamiento con otros filósofos de la época.

Para poder tratar la cuestion de la episteme, de la que ya había hablado Platón en otros términos, Aristóteles no se contenta con seguir a su maestro, sino que, muy al contrario, llega un momento en que se separa de él drásticamente debido a la inmanencia que predica de las ideas platónicas en el mundo de la apariencia. Para esto, cambia el tradicional concepto platónico de idea (eidon en griego) por el de sustancia (ousía en griego). A diferencia de lo que sucedería en la teoría del conocimiento de Platón, Aristóteles planteará la cuestión sobre el ser sin distinguir en dos mundos, esta crítica que hace a su maestro simplifica la cuestion planteando que existe una sustancia que existe independiententemente de los accidentes que se hallen en ella.

Para desarrollar la teoría hylemórfica (del griego hile y morfé, materia y forma) es preciso reconocerla como la síntesis de los pensamientos de dos filósofos de la magnitud de Heráclito (quien predicaba el devenir como elemento primordial del ser) y Parménides (quien postulaba la imposibilidad de cambio y la unidad del ser como inalterable), además de una crítica a la teoría de las ideas de su maestro Platón. En esta gran teoría que se tomaría más tarde (al ordenarse las obras aristotélicas por los herederos de las mismas) como el fundamento metafísico de todo el conocimiento posible tanto en las ciencias particulares como en la filosofía, ya que es Aristóteles el primero en separar las diferentes ciencias.

En este campo llamado metafísica, Aristóteles hablará de lo que refiere al ente (lo que participa del ser) en cuanto ente. Es aquí donde se deben reconocer dos momentos de la metafísica aristotélica, la primera donde se ubica al ser, del cual Aristóteles dice que se puede predicar de distintos modos. Los modos del ser son: el ser en sí, que subsiste, es decir no necesita nada más para ser, es decir, es sustancia; y el ser en otro que precisa de la sustancia para ser, es decir los accidentes o caracteres contingentes (es decir que pueden ser o no y eso no altera la integridad de la sustancia). Pongamos un ejemplo para clarificar (para lo cual precisaremos un ente más que un ser, ya que el ser es la generalidad de lo que es y los entes son aquellos elementos concretos que participan del ser): si hablamos de una silla, nunca pensaríamos que una silla deja de ser una silla por ser roja en vez de azul, o estar realizada en madera en vez de metal o plástico, pues bien, lo que constituye la sustancia es aquello que la hace ser lo que es, lo particular del objeto silla, más allá de los accidentes que se manifiesten en ella.

Aristóteles

En un segundo momento de la metafísica aristotélica se habla en concreto de los entes particulares y en éstos se encuentra siempre dos elementos, que únicamente pueden considerarse de manera separada a través de la abstracción intelectual: la materia y la forma. Es en este caso que encontramos la sustancia de lo que es, como vimos en el ejemplo anterior como la forma o también llamada esencia. También vemos la materia como aquello de lo que se sirve la forma para poder conformar al ente. Así, la madera de la silla es su materia y su forma es la caracterización consustancial y esencial de una silla. Hasta este punto nos encontramos con la teoría hylemórfica en su momento estático, tratando de los entes en cuanto sustancia y accidente, en forma y materia; en el ser-ahí, el esto-aquí, sin embargo encontraremos que Aristóteles va más lejos, fundamentando el devenir y el cambio del ser a partir de la misma teoría.

Para Aristóteles es imposible dividir fundamentalmente el ser en materia y forma, nunca encontraremos una silla sin una composición material ni la pura madera sin ninguna forma que la sustente. Sin embargo, las materias y las formas cambian, son actos que devienen realizando sus potencias. Así pues, para la dinámica del devenir, la teoría hylemórfica guarda estas dos concepciones, la de acto que es el ente en el momento que se encuentra actualmente y la potencia o las potencias, que son aquellas posibilidades de cambio que guarda el ente en relación a su acto. Por ejemplo encontramos en acto un tronco de madera que tiene como potencia la posibilidad de devenir en una silla. Sin embargo para Aristóteles es fundamental cuales son las causas de los cambios, ya que estos no devienen solos, sino que cada realización de una potencia viene dada por cuatro causas que definiremos brevemente así:

- La causa material: aquello que compone al ente en su materialidad.

- La causa formal: aquella forma actual en la que se encuentra el ente.

- La causa eficiente: el agente que se ocupa de gestar el cambio que se está por llevar a cabo en el ente.

- La causa final: la finalidad que persigue el cambio, su orientación teleológica (para qué) y esta es la que más enfatiza Aristóteles.

En relación a este énfasis teleológico se debe tener en cuenta que si existe devenir es porque hubo un primer efector de este movimiento, algo que sea acto puro y nada tenga en potencia por realizarse, un motor inmóvil que pusiera en marcha todo sin necesidad de ser movido por nada más y hacia lo cual todo tiende por su parte parcial sin poder alcanzarlo jamás debido a la finitud de cada uno de los entes. Si los entes tienden a la realización de sus potencias es por un finalismo, por la perfección de sí mismo, y por esto se dice que la teoría aristotélica es teleológica.

 

Fuentes y bibliografía:

Aristóteles (1988). Metafísica: Libros IV y VII (1ª ed.). Madrid: Gredos

Barnes, J. (1999). Aristóteles (3ª ed.). Madrid: Cátedra.

Fernández Martorell, C., y Montaner Lacalle, P. (2003). Història de la filosofia (1ª ed.). Barcelona: Castellnou.

Carpio, A. (1974). Principios de filosofía: una introducción a su problemática (2ª ed.). Buenos Aires: Glauco.

Una Respuesta a “Resumen: Aristóteles”

  1. [...] Resumen: Aristóteles [...]

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