jul 112015
 
Juan Ritvo

Juan Ritvo

Proximidad: Freud, Marx, o Marx, Freud. Habría que preguntarse: ¿Por qué desde tanto tiempo se han venido haciendo aproximaciones de Marx a Freud, marxistas freudianos, incluso lo que hoy en día se llama ridículamente izquierda lacaniana? Esta filosofía pop izquierda lacaniana que se ha acurrucado alrededor de las universidades.

Bueno, es obvio que la relación del encuentro tiene que ver con que si el psicoanálisis considera la sexualidad como esencialmente traumática, esto provoca rechazo, pero al mismo tiempo también el modo que tiene Marx de concebir la lucha de clase es verdaderamente traumático. No por el tema del conflicto, el conflicto de las clases está en todo el mundo desde siempre, el problema de la lucha de clase es que es una lucha que se plantea en términos que a veces puede ser ternario pero en última instancia se reducen a términos binarios de oposiciones violentas porque son antagonismos irreductibles, éste es el punto. Que no tienen modos de transacción entre ellos y limitan siempre en sus diversos niveles de violencia. Este es el gran hecho que como anuncia el Manifiesto comunista recorre la historia del mundo. La problemática de la lucha de clase y la sexualidad constituyen un núcleo problemático que ha condicionado acercamientos recíprocos. Yo voy a proponer, recordando lo que dijo Oscar Masotta hace tiempo, cuando dijo que era mejor disolver la relación, ¿por qué? porque si empezamos por disolverla, después quizá podamos encontrar nexos de integración y también las diferencias, que las hay, y muchas. Pero al mismo tiempo eso nos va a permitir, siguiendo la tradición, si es que el marxismo que principalmente toca algún núcleo traumático, poder alcanzar lo que son los límites. Los límites que en principio son límites políticos.

Entonces, lo primero que voy a hacer es fijar el punto de antagonismo entre la concepción marxista más clásica, que supone la aniquilación final del mercado y también de la propiedad privada, y qué dice Freud al respecto. Freud dice muchas cosas, en muchos lugares, pero hay unos párrafos del Malestar en la cultura que quisiera leerles. De Freud en este punto se podría decir lo mismo que Philip Soler decía de Lacan: “Lacan no era un hombre de derecha pero desconfiaba mucho de lo social e incluso no tenía ninguna ilusión al respecto, por eso su humor negro”. Y es interesante. Los aspectos generales de la relación con el marxismo, ya van a ver que hay varios niveles en que los tomó Lacan, y algunos de ellos me parecieron francamente demagógicos y desgraciados, porque los tomó justamente en el 68. Pero el pensamiento de fondo de Lacan de esto no se aparta. Dice, no voy a leer todo El malestar en la cultura, es un párrafo famoso. Habla de que “si se cancela la propiedad privada, si todos los bienes se declaran comunes y se permite participar en su goce a todos los seres humanos se supone que desaparecerá la malevolencia y la enemistad entre los hombres”, y dice, “no quiero discutir la problemática específica del sistema comunista pero puedo discernir su premisa psicológica como una vana ilusión.” Qué es lo que hace Freud, dice: “no es fácil para los seres humanos evidentemente renunciar a satisfacer su inclinación agresiva, no se sienten bien en esa renuncia, no debe menospreciarse la ventaja que brinda un círculo cultural más pequeño, ofreciendo escape a la pulsión en la hostilización a los extraños.” Me acordé de lo que decía Borges de que lo mejor para una revista literaria era tener un enemigo común: eso los une. “Siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos con tal que otros queden fuera para manifestarles la ilusión.” Esto se llama segregación. Pero entiendan, el vínculo amoroso de la masa se funda en la agresión. Y la agresión tiene un correlato que es la identificación de la masa con el líder. Esta es la estructura básica que está en Psicología de las masas. Sigue diciendo Freud, leo un poquito más: “en una ocasión de que justamente comunidades vecinas y aún muy próxima en todos los aspectos, se discriminan y escarnecen, así españoles y portugueses, alemanes del norte y del sur, ingleses y escoceses, etc. Les di el nombre de narcisismo de las pequeñas diferencias, que no aclara mucho las cosas.” Y es cierto, no aclara mucho las cosas. “Pues bien, a este discierne una satisfacción relativamente cómoda e inofensiva de la dimensión agresiva, por cuyo intermedio se facilita la cohesión de los miembros de la comunidad” y esto lo repito, porque esto es lo esencial: se facilita por su intermedio la cohesión de los miembros de la comunidad. Así que el pueblo judío disperso por todo el orbe, tiene ganado el lugar del mérito frente a las culturas de los pueblos que los completaron, lástima que todas las matanzas de judíos en la Edad Media no consiguieron hacer alcanzar a sus compatriotas cristianos una paz y una seguridad mayor en esa época. Después que el apóstol Pablo hizo del amor universal por los hombres el fundamento de su comunidad cristiana, una consecuencia inevitable fue la intolerancia más extrema del cristianismo hacia quienes permanecían fuera. Los romanos, que no habían fundado sobre el amor su régimen estatal, desconocían la intolerancia religiosa y eso que entre ellos la religión era asunto del Estado, a su vez traspasado a la religión.” Y aquí viene una frase estremecedora: “Tampoco fue un azar incomprensible que el sueño de un imperio germánico universal pidiera como complemento el antisemitismo y parece explicable que el estadio que anuncia una cultura comunista nueva haga de su respaldo psicológico la persecución al burgués. Uno no puede menos que preguntarse con preocupación: ¿qué harán los soviets después que hayan liquidado a sus burgueses?”

Esta descripción atenta contra la concepción habitual de un sujeto político soberano porque lo que dice Marx es que un sujeto político soberano no existe en la medida en que la soberanía es soberanía de los liderazgos, ¿en función de qué? en función de la masa que se constituye como masa identificándose con el líder y sus valores. Pero esto es correlativo a la segregación. Aquí hay efectivamente un antagonismo porque ustedes vieron que Marx desde siempre, la utopía marxista por definición es pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad. Acá hay una fisura. Una fisura, yo diría, tremenda, que no podemos evitar. Pero al mismo tiempo uno puede decir: esta una definición a la que le hace falta mucho para poder pensarla como una caracterización del orden social. ¿Por qué? Porque la relación entre el liderazgo y la masa nunca es una relación pacífica, siempre es una relación de extrema tensión, que da lugar a las disoluciones de las masas. Es cierto que cuando las masas se disuelven, después de un tiempo de anarquía, se vuelven a recomponer las masas. Pero en ese intersticio, y acá retomo un vocablo de Eduardo. En ese intersticio entre una y otra recomposición ¿qué es lo que pasa? quedan huellas ¿y huellas de qué? de que los sueños utópicos siempre perduran más allá de las imposibilidades de realización y eso alimenta las luchas de clase de un modo incesante. Es decir que tenemos aquí un problema evidentemente central. Esto no puede llevarnos al cinismo ni a un realismo como al que llega tanta gente. Pero tampoco podemos ignorarlo. Porque si ignoramos esto estamos justamente contribuyendo al desastre que es la izquierda, porque la izquierda vive proclamando consignas de agitación, cosas en las cuales nadie cree ni siquiera los que las agitan. Aunque el sueño de una sociedad socialista es imposible, porque una sociedad, no socialista, sino comunista, como la presentaba Marx, supondría una transparencia recíproca de las relaciones entre los hombres y hace tiempo que las disciplinas más diversas, antropología, historia y el psicoanálisis, después podemos hablar de algunos problemas centrales al respecto, todas estas disciplinas han mostrado que la opacidad entre los seres humanos es insuprimible. Sin embargo, yo pienso que luchar contra la injusticia central del capitalismo requiere de una posición de izquierda y además una izquierda puede luchar sin necesidad de hipótesis comunistas últimas. Un paciente mío hace tiempo decía, lo que me resultó sorprendente, “pucha, qué tiempos son estos que tener una política keynesiana contra el neoliberalismo es de algún modo revolucionario” por supuesto que no es revolucionario pero sí es algo por lo cual se puede luchar porque implica un margen de aprovechamiento de las contradicciones que son inherentes al sistema.

Ahora bien, yo no tengo absolutamente ninguna respuesta para este problema, si lo tuviera no estaría seguramente aquí, esto es obvio. No sé si la tiene siquiera. Pero pienso que no se puede ser cínico, no se puede ser escéptico, pero al mismo tiempo todas estas ideas no pueden negarse.

Paso al segundo paso que quería dar. La mayoría de los freudomarxismos han negado radicalmente esto que estoy exponiendo. Ahí donde está el problema, lo ocultan. Algunos como un filósofo pop como Zizek, que dice barbaridades cada vez mayores. Hace poco leí en una revista una supuesta polémica con un supuesto filósofo alemán que ya no me acuerdo el nombre, donde los dos decían bestialidad, totalmente de acuerdo en las estupideces que decían. Es increíble. Es filosofía pop, decía: “cuando hablo de comunismo no se asusten porque antes que Stalin prefiero a…” y mencionó un compositor francés que en este momento me olvidé, un disparate, “y antes que Lenin, Kafka.” Bueno, yo no voy a comentar estas estupideces. Lo que sí vemos de qué manera estas intervenciones sirven eficazmente para taponar el problema.

Otra de las cuestiones que a mí me irritan profundamente. Yo fui en mi juventud leninista y estudie mucho los textos de Lenin. No soy leninista ahora, pero hay dos o tres cuestiones básicas que conservo del leninismo. Una de ellas es que el problema político es un problema del Estado. Si uno obvia el problema del Estado, el poder del estado y la violencia que surge que es inherente a las relaciones políticas, efectivamente incurre en un subterfugio, en un (palabra inentendible) de tercer orden. Esto es clarísimo, me parece absolutamente claro. Ahora, hay corrientes que se dicen de izquierda que dicen constantemente que hay que buscar la emancipación al margen del Estado. Bueno ¿qué quiere decir eso? Es una confesión indirecta de impotencia, tan confesión indirecta de impotencia como seguir proclamando la lucha sin cuartel cuando no se cuenta con ningún medio para hacer ninguna lucha de ninguna manera. Y este es un problema muy importante para la abstracción en la cual tantas veces se cae en la universidad. Es decir, no es por casualidad que las universidades del mundo alojan este tipo de pensamiento que sigue siendo un complemento de lo que es el capitalismo. Porque, hay algo que es esencial en la descripción que Marx hace del capitalismo: que la distancia relativa entre las clases es cada vez mayor, no la distancia absoluta. La distancia relativa entre las clases aumenta constantemente y esto aumenta constantemente las contradicciones. Por otra parte, en la descripción que hace Marx en los Grundrisse y luego retoma en El Capital, no solo en la historia del capitalismo sino en los mecanismos sincrónicos, el capitalismo se funda en la expropiación constante del productor directo. Pero la expropiación no es aquello que ocurrió en la época originaria de la acumulación capitalista y que ahora ocurre bajo un mercado burgués en la China actual. No, es algo que se repite todos los días y es la fuente misma del antagonismo. Este es un momento decisivo. Sin embargo, es evidente que la problemática del marxismo debe apuntar a otras cosas.

Para mí el límite básico de la concepción de Marx aparece en La ideología alemana. Lo voy a decir rápidamente porque esto va a dar lugar a muchas discusiones. En La ideología alemana, Marx después de los Manuscritos económico filosóficos de 1844 que era un hegeliano de izquierda hizo un giro hacia lo que podríamos llamar una suerte de empirismo materialista economicista. ¿Qué es lo que dice en este texto que según Marx entregaron a las ratas junto con Engels? Que el predominio de la economía, en el sentido en que lo entiende Marx, que no es el sentido abstracto que tiene hoy en día la economía, al menos la economía oficial, el predominio determinante que tiene la estructura social, por lo que después se generalizará la famosa metáfora arquitectónica estructura-superestructura, insiste en que la economía es algo que no se puede interrumpir su actividad nunca: tenemos que seguir produciendo para satisfacer las necesidades humanas. Es cierto esto, pero es tan cierto que oculta lo otro: que la gente no puede dejar de hablar, porque si no habla no produce. Tampoco puede evitar esto que Marx dejaba de lado como la primera de las alienaciones y que sigue siendo la gran alienación que es la religión. Tampoco sin relaciones de parentesco. Tampoco sin formas ideológicas que unifiquen la comunidad: no hay comunidad en que no se funde la oposición y el antagonismo, como ocurría con los pueblos primitivos, la mitad de arriba y la mitad de abajo, siempre la oposición y además el complemento.

Entonces, el tema es este: ¿por qué esta mirada sobre el orden de la necesidad que obvia otras cosas? No es una crítica a Marx, es absurdo levantarlo como crítica a Marx. Es una crítica a los que todavía siguen adheridos a esa confusión que consiste en pensar lo social enteramente bajo el modelo económico del intercambio de equivalentes. El intercambio de equivalentes funda el orden económico: y ahí Marx tiene una precisión muy grande y si hay fallas en el sistema que debe haberlas yo no las puedo percibir. Hace rato que no vuelvo a tocar El capital y no soy economista. Pero además del intercambio económico hay otra forma de intercambio que a partir de la obra de Michael Moss y de los desarrollos extraordinarios de la antropología y lo que han tomado muchos autores incluso Georges Bataille, un personaje que me parece esencial, han mostrado que además de la economía restringida que es la economía política, en el sentido en que podemos tomarlo teóricamente, existe una economía generalizada que es el intercambio, pero que es el intercambio que se manifiesta en lo que Marx llamaba la superestructura porque la realidad es distinta ¿por qué? porque se basa en el exceso, se basa en el gasto, se basa en el dispendio, es decir, es una economía donde domina, no el intercambio de equivalentes sino la donación e incluso el robo. Esto es lo que se advierte en los falsos políticos. Es decir, no necesitamos acudir a las ineptitudes que reúne el fascismo y el enorme espectáculo que brilla donde hay una dilapidación del excedente social al servicio de un intercambio, llamémosle así, simbólico. Entonces, el intercambio simbólico tiene una estructura, o tiene múltiples estructuras que no se reducen al intercambio de equivalentes económico, complejiza la estructura social y nos obliga a pensar de otro modo.

En este punto quisiera hacer algunas aclaraciones aparentemente marginales y vuelvo a la famosa izquierda lacaniana. Hace poco en Buenos Aires alcancé a ver, leí diez páginas y lo tiré porque me pareció una porquería total, un libro que ya me he olvidado el autor, que hace una comparación: intenta captar el encuentro entre Marx y Lacan en un punto que es absolutamente desgraciado. No sé si alguno de ustedes lo tiene presente, el seminario XVI de Lacan que tiene cosas muy interesantes, pero que además compara la plusvalía en el sentido estrictamente marxista, con el plus-de-goce en el sentido estrictamente psicoanalítico. Ahora, esta comparación de Lacan, me parece tan raro que nadie lo diga, y esto es una prueba del problema que está enfrentado el psicoanálisis, de un servilismo tan grande que solo se puede rezar a la letra y ya no se puede entender nada, una especie de estupidización que les pasó ya a los mismos grupos marxistas del 60 y el 70 con Marx. Siempre hay un grado de estupidización que tiene que ver con la fetichización de los textos. ¿Y por qué digo esto? Por algo muy sencillo: porque si uno compara la estructura de la obra de Marx y la estructura del plus-de-goce lacaniano lo que advierte es una cosa muy clara, lo que Lacan dice del plus-de-goce es que es pura pérdida y puro derroche, es lo que no se puede acumular. Sólo el obsesivo cree que puede acumular goce. No se puede acumular goce, es imposible e impensable: el goce es aquello que se pierde.

En cambio la plusvalía, lejos de perderse, es el sustento de la estructura económica capitalista. Buscar un enganche entre Marx y el psicoanálisis por esa vía es un enganche desgraciado, la verdad. La única expectación que tengo es que, Lacan que era como decía Sollers un chansonnier, un actor, que se debía mucho a su público aunque siempre se quejaba porque eran demasiados los que estaban en sus seminarios, sus seminarios habían empezado hacía tiempo, era el espectáculo de París, no podía perder nada menos que el espectáculo de aquél año en el 68 en plena insurrección. Bueno, insurrección es una palabra exagerada, de todos modos había un clima de ebullición que no podemos dejar de tener en cuenta. Es el momento donde de golpe Lacan se anima deprisa a decir algunas cosas muy imprecisas sobre El capital. Lo que dice es tremendo, yo he estudiado muy minuciosamente El capital y es para agarrarse los cabellos los disparates que dice Lacan. Ahora, eso es de Lacan, es el gesto de Lacan, que además tenía mucha soberbia y no podía dejar que nada estuviera fuera de su dominio. En ese momento había conocimientos políticos que escapaban a su dominio, y bueno, quiso tomarlos.

Pero lo peor del asunto es que muchos creen que van a encontrar una especie de relación entre el psicoanálisis y el marxismo por estos entronques que son francamente ridículos, que en el momento que se producen sólo sirven para obstaculizar los dos campos y las posibilidades de desarrollo de uno y de otro. Por el contrario lo que está fuera de juego acá, algo que efectivamente es un punto de encuentro (pero es un punto de encuentro histórico, no un punto de encuentro programático-político, vamos a ponerlo en claro), Lacan en varios lugares dijo algo que es una verdad: lo que llamó sujeto es inherente al siglo XVII, lo dice de mil maneras. Ahora, el siglo XVII, los lacanianos tontos, que hay muchos, recitan “Es el siglo de la ciencia”, sí, seguro: es el siglo de la ciencia, no cabe la menor duda de eso, pero es el siglo del capitalismo.

Entonces, hay algo que implica que lo que llamamos sujeto no es el hombre. ¿Se entiende? No es el hombre: el psicoanálisis no es una teoría del hombre, no es una antropología, es una teoría del sujeto. Pero el sujeto, lo que se llama sujeto sólo puede nacer en el siglo XVII. ¿Y por qué? Por una razón muy clara. La razón la podemos encontrar en Marx, no porque Marx haya teorizado al sujeto, sino porque Marx teorizó el individuo. ¿Qué pasa? Que el siglo XVII es el siglo que libera al individuo de sus ataduras a la tierra (estoy simplificando, no voy a decir que el siglo XVII es eso). Libera al individuo de sus ataduras con la tierra, libera al individuo de sus lazos de sangre, libera de sus adhesiones más corporativas y lo deja desnudo literalmente en la lucha darwinista por la supervivencia. ¿Dónde? En el orden de lo humano. Es decir, el antecedente del sujeto Lacaniano es el individuo. Individuo no es sujeto pero es condición de sujeto. El individuo burgués, burgués no en el sentido de que sea burgués por dueño de los medios de producción sino el individuo producido por la burguesía es una de las condiciones históricas de posibilidad de la emergencia del sujeto en el sentido lacaniano. No voy a definir ahora qué tipo de sujeto ni voy a traer otra vez la fórmula: “un significante representa un sujeto para otro significante”. Ésta es una fórmula que además no da cuenta de la problemática del sujeto. Yo sigo insistiendo que no sabemos nada de qué consiste un sujeto. Repetimos fórmulas de que el sujeto se constituye desaparecido como si esto fuera una obviedad. Es lo que la pregnancia del espíritu universitario: las cosas más controvertidas y más discutidas y más difíciles de pensar de que algo se constituye en el momento de su eclipse, de su desaparición, entonces como son repetidas, sencillamente van y vienen, van y vienen y pasan por obviedades. Estamos fritos en este punto. Ahora, hay que volver a interrogar, porque a mí me parece un problema esencial, las estructuras del capitalismo y su vínculo posible con el nacimiento del sujeto. Pero el sujeto como singular, no como colectivo. El psicoanálisis desconoce la pregnancia del sujeto colectivo. El sujeto colectivo es la masa, que es otra cosa.

Bueno acá vemos todo un conjunto de problemas a abordar que los freudomarxismos han desconocido completamente. Para gran parte de lo que dije no tengo ninguna solución. Pero lo que quería era traer algunas ideas abiertas y cosas que me preocupan como supongo les preocupan a ustedes. (Aplausos)

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